
EN PRIMERA PERSONA
Tránsito de manos que aseguran el paso – seguridades antiguas ya olvidadas – sobre piedras de siempre o de jamás.
En Primera Persona. Plural. Mostrar un universo lejos de la cordura que dicen nos obliga a ver - a través de pórticos de carne - una calle que hace tiempo se ha borrado, pero existe reconvertida en yermo.
Mapa sin marcas. Líneas de vida que solamente son senderos bifurcados, entre la playa infantil y la esforzada escalera del dolor.
En Primera Persona. Angustiada. La llama va apagándose ¿solamente sufrir? ¿el miedo? ¿el terror? ¿la falta? Por encima de todo la angustia de la vida que se extraña al mirarse al espejo. Traspasada la romana, absurda, puerta que no guarece ya de nada, ni se abre al campo, ni exalta los sentidos. ¿Me encontré? ¿Te has perdido? ¿Qué cansancio, verdad mamá?
Tensa la cuerda quien antes sostenía. Se desploma. No puede la fuerza tierna de las generaciones nuevas aguantar sola sin quemarse las yemas.
En Primera Persona. Por nosotros y sobretodo por ellos, por ellas. Extrañados en mundos particulares que nos miran desde el espejo, bifurcando los sentidos, moviendo piedras y llaves de los armarios cerrados de millares de existencias idas o por venir. De paso estamos.
Judith Cobeña i Guardia 2000